Venezuela lidera el crecimiento de Sudamérica con 6,5% y la CEPAL le extiende la proyección a 2027

La CEPAL presentó su Estudio Económico 2026 y ubicó a Venezuela a la cabeza de América del Sur con 6,5%. La novedad no es la cifra, que venía de abril, sino que el organismo la extendió también a 2027, mientras la región queda en 2,2%.

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Venezuela lidera el crecimiento de Sudamérica con 6,5% y la CEPAL le extiende la proyección a 2027
La presidenta encargada Delcy Rodríguez Gómez durante su intervención en el foro Radiografía del Retail a la Venezolana. Foto: Prensa Vicepresidencia

SANTIAGO DE CHILE · 20 DE AGOSTO DE 2026

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe presentó este jueves su Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2026 y ubicó a Venezuela a la cabeza del crecimiento de América del Sur, con una proyección de 6,5% del Producto Interno Bruto para este año. La novedad de la edición no está tanto en la cifra —que la CEPAL ya venía sosteniendo desde abril— sino en lo que la acompaña: el organismo regional extendió esa misma tasa a 2027, también 6,5%, lo que convierte a Venezuela en la única economía sudamericana con un bienio completo proyectado por encima del 6%.

El informe fue presentado en la sede de la CEPAL en Santiago de Chile, en la Sala Celso Furtado, en una conferencia de prensa encabezada por el Secretario Ejecutivo del organismo, José Manuel Salazar-Xirinachs. El documento lleva por subtítulo “Crecimiento y productividad en un contexto de alta informalidad” y dedica su capítulo central a un diagnóstico que la CEPAL viene repitiendo con creciente urgencia: la región está atrapada en una trampa de baja capacidad para crecer.

Dentro de ese cuadro de estancamiento generalizado, el desempeño venezolano funciona como una excepción estadística difícil de ignorar. Con 6,5%, Venezuela triplica el promedio regional proyectado para 2026, que la CEPAL mantuvo en 2,2%.

La región que no logra crecer

El dato que organiza el informe es el promedio: América Latina y el Caribe crecería 2,2% en 2026, por debajo del 2,4% de 2025, y repuntaría apenas a 2,5% en 2027. Con esas cifras, la región completaría cinco años consecutivos de crecimiento en torno al 2,3%, una tasa que la propia CEPAL califica de insuficiente para elevar de manera sostenida el ingreso por habitante, cerrar las brechas de desarrollo y ampliar los espacios de política pública.

“La región ha logrado preservar importantes avances en materia de estabilidad macroeconómica, pero esa estabilidad debe convertirse en una plataforma para crecer más y mejor”, planteó Salazar-Xirinachs al presentar el estudio. “Para superar la trampa de baja capacidad para crecer necesitamos elevar la inversión y la productividad y, al mismo tiempo, avanzar hacia una formalización productiva que fortalezca las capacidades de las personas y de las empresas, amplíe la protección social y genere más empleos formales de calidad”.

El contexto internacional que describe el informe no ayuda. La economía mundial crecería 2,9% en 2026, la tasa más baja desde 2022, en un escenario de tensiones geopolíticas, presiones sobre los mercados internacionales de energía, encarecimiento del petróleo, los fertilizantes y el transporte, tasas de interés todavía altas y un dólar apreciado. La CEPAL anticipa para 2026 y 2027 un entorno externo más complejo y con mayor incertidumbre financiera que el de los años previos.

Por subregiones, la CEPAL proyecta 2,5% para América del Sur tanto en 2026 como en 2027; 1,6% y 2,8% para América Central —que en el cálculo del organismo incluye a Cuba, Haití y República Dominicana—, cifras que suben a 4,0% y 4,2% si se excluyen Cuba y Haití; y 5,6% y 7,9% para el Caribe, que caen a 1,1% y 2,2% si se descuenta el efecto Guyana.

El tablero sudamericano, país por país

La tabla de proyecciones del Estudio Económico 2026 ordena a América del Sur con Venezuela en el segundo lugar absoluto de toda la región, detrás únicamente de Guyana, cuyo auge petrolero la lleva a 16,2% en 2026 y 19,7% en 2027, cifras que distorsionan cualquier promedio en el que participe.

Después de Venezuela y su 6,5% para ambos años, la CEPAL proyecta Paraguay con 4,3% en 2026 y 4,0% en 2027; Surinam con 3,5% y 4,4%; Argentina con 3,3% y 3,4%; Perú con 3,2% y 3,3%; Colombia con 2,6% y 2,5%; Brasil con 2,2% en los dos años; Chile con 1,6% y 2,2%; Uruguay con 1,5% y 2,2%; y Bolivia en el fondo de la tabla con 0,5% y 0,8%.

Fuera de América del Sur, el contraste más citado es el de las dos economías de mayor peso poblacional del norte de la región. México crecería 1,3% en 2026 y 1,9% en 2027, quedando por debajo del promedio regional. Cuba, en el otro extremo del tablero, registra la peor perspectiva de toda América Latina y el Caribe: una contracción de 10,3% en 2026 y de 5,1% en 2027.

La comparación con la actualización de abril muestra la estabilidad del pronóstico venezolano. En la revisión del 27 de abril, la CEPAL ya proyectaba 6,5% para Venezuela y 16,3% para Guyana, con la región en 2,2%. Cuatro meses después, y con un informe completo de por medio, el organismo no movió la cifra venezolana ni un décimo. En un año en que otras economías de la región fueron revisadas a la baja, sostener la proyección equivale a una confirmación.

Qué hay detrás del 6,5%

La cifra de la CEPAL se apoya en una serie que el Banco Central de Venezuela retomó públicamente en mayo, después de dieciséis meses sin publicación desagregada. Según ese reporte, la economía venezolana cerró 2025 con un crecimiento de 8,66% y encadena veintiún trimestres consecutivos de expansión, una racha que la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, destacó públicamente a mediados de agosto.

El recorrido de 2026 fue desigual. El primer trimestre marcó un crecimiento interanual de 2,51%, el más bajo desde el segundo trimestre de 2021, con una caída de 2,12% en la actividad petrolera y un avance de 3,11% en la no petrolera. El propio Banco Central atribuyó ese resultado al exceso de inventarios acumulado por las restricciones sobre las exportaciones de crudo vigentes hasta los primeros días de enero. Rodríguez lo planteó en junio en términos de recuperación en marcha: “Nosotros venimos recuperándonos de lo que fue el primer trimestre, donde el crecimiento fue 2,1%, pero que ya venimos en franca recuperación”.

El segundo trimestre confirmó ese giro. El Banco Central informó el 18 de agosto un crecimiento interanual de 7,14% entre abril y junio, con la actividad petrolera en 9,10% y la no petrolera en 5,79%, un resultado que el organismo emisor vinculó a una mayor venta de divisas para la producción nacional y a la sinergia entre actividades económicas. Con un primer semestre que promedia cerca de 4,8%, la meta anual de 6,5% exige que el segundo semestre sostenga tasas de doble dígito o cercanas a él.

El componente externo empuja en esa dirección. Las exportaciones petroleras venezolanas sumaron 5.491 millones de dólares en el primer trimestre, un 21% más que en el mismo período de 2025, y representaron el 70,7% de un total exportado de 7.759 millones. La producción de crudo se ubicó en 1.179.000 barriles diarios en mayo según fuentes directas de la OPEP, y las proyecciones del sistema de Naciones Unidas estiman para el año más de 22.000 millones de dólares en ingresos petroleros, un salto de más del 50% respecto de los 14.713 millones de 2025.

La apertura como motor

El 6,5% no se explica solo por el petróleo. La secuencia de acuerdos que Venezuela firmó en los últimos meses configura una apertura a la inversión extranjera cuyo efecto sobre el producto todavía está en su fase inicial. Chevron formalizó un horizonte de operación extendido hasta 2050, Shell avanzó sobre el campo gasífero de Loran, Repsol amplió su presencia en el bloque Horcón, GE Vernova firmó su regreso al sistema eléctrico nacional y la apertura del sector eléctrico a capital privado abrió un frente de inversión que hasta hace un año estaba cerrado por completo.

A eso se suma el proceso de diálogo político, que cerró su primer ciclo con dos acuerdos institucionales de peso —la renovación total del Tribunal Supremo de Justicia y la recuperación de los activos retenidos en Londres— y con la aplicación de 131 medidas alternativas de excarcelación. Para los inversores que evalúan el país, la señal institucional pesa tanto como la macroeconómica: un marco jurídico en revisión y un proceso político con resultados verificables reducen la prima de riesgo que ninguna proyección de crecimiento puede compensar por sí sola.

Conviene, de todos modos, no perder de vista la base de comparación. El crecimiento venezolano de los últimos cinco años ocurre después de una contracción del producto superior al 70% entre 2013 y 2020. Una tasa de 6,5% sobre una base deprimida no equivale a la misma tasa sobre una base intacta, y la propia CEPAL contextualiza el dato en esos términos. La informalidad laboral, que el informe de este año coloca en el centro del diagnóstico regional, sigue siendo uno de los frentes estructurales pendientes.

La lectura política

Para el gobierno de Caracas, el informe de la CEPAL cumple una función precisa: ofrece validación multilateral en un año en que la política económica venezolana está siendo evaluada por actores externos con criterios propios. Rodríguez viene citando la proyección del 6,5% desde abril en foros nacionales e internacionales, y el respaldo del organismo regional le permite sostener el argumento del liderazgo económico sin depender exclusivamente de estadísticas nacionales.

La extensión de la proyección a 2027 agrega una dimensión distinta. Un pronóstico a dos años no es una foto de coyuntura: implica que el organismo regional considera sostenibles los factores que explican el crecimiento actual —la recuperación petrolera, la apertura a la inversión, la normalización de los flujos de comercio— más allá del rebote inmediato. Es el tipo de señal que las instituciones financieras internacionales suelen leer antes de reabrir líneas de crédito.

El desafío que plantea el propio informe es de calidad, no de cantidad. La CEPAL insiste en que el crecimiento regional debe traducirse en formalización productiva, inversión y productividad, y no en tasas altas que no modifican la estructura del empleo ni la capacidad del Estado de sostener protección social. Para Venezuela, que llega al bienio 2026-2027 con la tasa más alta de América del Sur y con la mitad de la región discutiendo cómo salir del estancamiento, ese es el examen que viene después de la cifra.

Fuentes consultadas: comunicado oficial y tabla de proyecciones del Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2026 de la CEPAL; declaraciones del Secretario Ejecutivo José Manuel Salazar-Xirinachs; reportes trimestrales del Banco Central de Venezuela; informes de producción de la OPEP; publicaciones del Ministerio del Poder Popular para Relaciones Exteriores; y proyecciones del sistema de Naciones Unidas para el Desarrollo.

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