Venezuela abre una ventana de diálogo: la primera sesión deja bases, principios y un calendario para probarlos
La instalación de la mesa entre el gobierno encargado y la Asamblea Nacional de 2015 ofrece una oportunidad real de reencuentro político. Las delegaciones permanecerán en sesión permanente hasta el 12 de agosto.
CARACAS · 7 DE AGOSTO DE 2026
Venezuela dio este jueves un paso hacia la posibilidad que el país llevaba tiempo sin tener sobre la mesa: la de conversar. En un salón del Centro de Convenciones de la base aérea La Carlota, en Caracas, la delegación del gobierno, encabezada por el Presidente de la Asamblea, Jorge Rodríguez, y la de la Asamblea Nacional electa en 2015 instalaron formalmente la plenaria de un nuevo proceso de diálogo político. El encuentro fue sobrio, sin declaraciones ni acceso de prensa, y se cerró con una declaración conjunta difundida en redes sociales por ambas partes.
Lo relevante no es la puesta en escena, sino lo que quedó por escrito. Por primera vez en este ciclo, las dos delegaciones fijaron un método de trabajo, un conjunto de principios compartidos y una agenda acotada. Ese es, precisamente, el terreno donde una oportunidad deja de ser retórica y empieza a ser verificable.

Qué se acordó
Según el comunicado conjunto, las partes aprobaron la metodología, definieron los ciclos de trabajo y ratificaron la agenda. El compromiso más concreto es temporal: las delegaciones permanecerán en sesión permanente hasta el miércoles 12 de agosto, fecha en la que evaluarán si la plenaria continúa, en función de los avances alcanzados. Es un plazo corto y, por eso mismo, exigente: coloca a ambas partes ante la obligación de mostrar algo tangible en cuestión de días.
El documento enumera además los principios que, dicen, regirán la negociación: respeto a la soberanía nacional, negociación de buena fe y búsqueda de beneficios para Venezuela, una solución política, pacífica, democrática y constitucional, reconocimiento y respeto recíproco entre las partes, igualdad política y trato paritario en la mesa, cumplimiento verificable de los compromisos y protección de los derechos humanos y políticos de todas las fuerzas. Las delegaciones se comprometieron también a informar de manera oportuna al país sobre los avances.
La agenda ratificada se organiza en tres ejes: la atención a las víctimas del doble terremoto del 24 de junio —que dejó más de 6.000 fallecidos, según las cifras manejadas hasta ahora—, el fortalecimiento de la democracia y la restitución de garantías y derechos políticos. Es una agenda deliberadamente concreta, anclada en una emergencia humanitaria que ninguna de las partes puede ignorar y que ofrece un punto de partida menos polarizante que otros.
Por qué esta vez importa el contexto
El respaldo internacional es un factor que distingue este intento de otros. El Departamento de Estado de Estados Unidos saludó el inicio de las conversaciones y las describió como «una oportunidad única» para atender necesidades urgentes y ampliar las libertades políticas, en el marco de un proceso que Washington enmarca en una estrategia de estabilización, recuperación económica y reconciliación. Ese acompañamiento externo, sumado a la urgencia de la reconstrucción, genera un incentivo de cumplimiento que no siempre estuvo presente en el pasado.
La presidenta de la Asamblea Nacional de 2015, Dinorah Figuera, describió la instalación de la mesa como el inicio de una ruta hacia la reinstitucionalización del país y asumió públicamente el compromiso de que las conversaciones generen resultados concretos y ejecutables. Del lado gubernamental, Jorge Rodríguez, coordinador de la delegación oficial, se limitó a formalizar la apertura del proceso sin realizar valoraciones.
La ventana está abierta. A partir de ahora, para una diáspora que sigue estos movimientos con esperanza y cautela a partes iguales, la única medida que cuenta serán los resultados.