Venezuela cierra el primer cuatrimestre con la economía rumbo a un crecimiento de dos dígitos

Ecoanalítica proyecta una expansión del 15,2% del PIB venezolano para 2026, con un sector petrolero al alza del 20,8% y un sector no petrolero del 13,9%. Los pronósticos convergen con los de CEPAL, Bloomberg Línea y otras consultoras locales. Si los datos del cierre del año confirman la tendencia...

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Venezuela cierra el primer cuatrimestre con la economía rumbo a un crecimiento de dos dígitos

Bajada: Ecoanalítica proyecta una expansión del 15,2% del PIB venezolano para 2026, con un sector petrolero al alza del 20,8% y un sector no petrolero del 13,9%. Los pronósticos convergen con los de CEPAL, Bloomberg Línea y otras consultoras locales. Si los datos del cierre del año confirman la tendencia, Venezuela encadenaría su cuarto año consecutivo de crecimiento.

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Los números que comienzan a circular sobre la economía venezolana en 2026 dibujan un escenario que pocos analistas hubieran previsto hace apenas dos años. La firma local Ecoanalítica, dirigida por Alejandro Grisanti, proyecta un crecimiento del Producto Interno Bruto del 15,2% para el cierre del ejercicio, con un componente petrolero del 20,8% y un componente no petrolero del 13,9%. Las cifras forman parte del informe "Coyunturas" de la consultora y fueron difundidas inicialmente por Banca y Negocios y replicadas por Misión Verdad a comienzos de marzo.

La proyección no aparece aislada. Otros centros de análisis y organismos multilaterales convergen en un mismo diagnóstico: la economía venezolana atraviesa un ciclo de expansión sostenida, anclado en la recuperación del aparato petrolero pero ya con efectos visibles en sectores no transables.

El Banco Central de Venezuela había informado en mayo de 2025 que el PIB del primer trimestre de ese año creció 9,32% interanual, una cifra que adelantaba la base sobre la cual se proyecta el actual ejercicio. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), por su parte, ubicó a Venezuela entre los tres países que impulsarán el crecimiento sudamericano en 2026, junto con Argentina y Paraguay. Según el organismo regional, Venezuela cerraría 2025 con un crecimiento del 6,5% y avanzaría hacia un 3% en 2026, con un sesgo al alza que las propias autoridades del organismo reconocen.

El consenso que se construyó en silencio

Lo más notable del cuadro actual no es ningún pronóstico aislado, sino el grado de convergencia entre lecturas que tradicionalmente diferían. Bloomberg Línea publicó a fines de abril una nota en la que el economista José Guerra, ex miembro del Observatorio Venezolano de Finanzas, estimó un crecimiento "claramente superior al 10%, porque la actividad petrolera va a crecer por lo menos un 25%". Y Datanálisis, a través de su presidente Luis Vicente León, proyectó un crecimiento del PIB y del consumo "por encima del 10%" con perspectiva de estabilización para el binomio 2027-2028.

Tres firmas con perfiles distintos —una consultora cercana al sector privado, un observatorio crítico de las finanzas públicas y una encuestadora con vínculos diversos— terminan ofreciendo un mismo rango: dos dígitos en 2026, con liderazgo del sector petrolero y arrastre sobre comercio y servicios.

Luis Oliveros, decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Metropolitana, sumó su lectura al consenso al estimar también una expansión petrolera superior al 20%. La coincidencia entre analistas que en otros momentos sostuvieron diagnósticos contrapuestos es, en sí misma, un dato político: refleja que la dinámica económica se impuso por encima de las polémicas tradicionales sobre la metodología de medición.

El motor petrolero y su arrastre

El cuadro descansa, en primer término, en la recuperación del aparato petrolero. Datos publicados por la propia OPEP, citados por Vanguardia en mayo, ubican la producción venezolana en 1.136.000 barriles diarios en abril, frente a los 924.000 de enero. El crecimiento del 22,9% en cuatro meses superó cualquier proyección conservadora y consolidó la trayectoria de recuperación que había comenzado a delinearse en 2025.

El precio del Merey 16, la cesta venezolana de referencia, se mantiene en niveles que la propia industria define como históricos: en torno a 90 dólares por barril, su máximo en una década. La combinación de mayor volumen y mejor precio explica buena parte de la proyección de Ecoanalítica: el sector petrolero no solo crece en términos físicos, sino que lo hace en un entorno de ingresos por barril significativamente más altos.

El "efecto arrastre" del que habla Guerra en Bloomberg Línea remite a un mecanismo conocido en economías de tradición petrolera: el ingreso de divisas se traduce en mayor capacidad de importación, en mayor liquidez interna y en demanda agregada que termina por activar comercio, servicios y construcción. Ecoanalítica proyecta que el sector no petrolero crecerá un 13,9% en 2026, una cifra que, de confirmarse, sería la más alta en más de una década.

La lectura empresarial

Un dato adicional aporta el lado de la demanda. Según el mismo informe de Ecoanalítica citado por Misión Verdad, el 79% del sector empresarial venezolano proyecta un escenario "positivo" o "muy positivo" para el año en curso. La cifra coincide con el clima de inversión que reportan las cámaras sectoriales y con el repunte del consumo de bienes durables observado desde fines de 2025.

La señal empresarial es relevante por dos razones. Primero, porque las decisiones de inversión productiva dependen menos del discurso público que de la expectativa sobre el comportamiento del mercado. Segundo, porque consolida un fenómeno que distintas consultoras vienen registrando desde el primer trimestre de 2025: el cierre de la brecha entre la economía formal y los circuitos no registrados, con un peso creciente de operaciones bancarizadas en bolívares y en divisas.

El contexto regional

La fotografía venezolana se inscribe en un cuadro regional desigual. La CEPAL proyecta un crecimiento promedio del 2,3% para América Latina y el Caribe en 2026, una cifra que el organismo describe como "modesta" y que confirma una década de bajo dinamismo. En ese contexto, una proyección superior al 10% para Venezuela —cualquiera sea el número final— ubicaría al país en el grupo de las economías de mayor expansión del continente, junto con Argentina, Paraguay y Guyana.

La novedad no es menor. Durante una década, Venezuela apareció en las tablas regionales como excepción negativa. La inversión del signo, aun en un escenario de partida muy bajo, modifica el paisaje. Y modifica también, en términos de política exterior, las condiciones de la conversación regional sobre la economía venezolana.

Lo que falta despejar

Ningún analista de los citados omite las cautelas. El crecimiento parte de una base estadística baja, producto de la contracción acumulada durante el ciclo 2014-2020. La sostenibilidad del repunte depende, en primer lugar, de la evolución del mercado petrolero internacional y, en segundo término, de la consolidación del sector no petrolero como motor autónomo de crecimiento.

La reestructuración de la deuda externa y de PDVSA, anunciada por el Ejecutivo a comienzos de mayo, juega un papel central en ese segundo frente. Si la normalización financiera avanza, Venezuela podría recuperar acceso a financiamiento internacional y reducir el costo de capital interno, factor decisivo para que el ciclo expansivo se prolongue más allá de 2026.

Por ahora, los números hablan: la economía venezolana cerró el primer cuatrimestre del año sobre una trayectoria de dos dígitos. Si las proyecciones de Ecoanalítica, CEPAL y los analistas independientes se confirman al cierre del ejercicio, será el cuarto año consecutivo de crecimiento. Un récord modesto en términos absolutos, pero significativo en términos de tendencia.


Fuentes consultadas

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