El barril vuelve a moverse: Venezuela cruza el millón de barriles diarios y reabre el tablero petrolero global

La producción petrolera venezolana superó en abril de 2026 el umbral del millón de barriles diarios, las exportaciones tocaron su mayor nivel en más de siete años y el nuevo marco operativo acordado con socios internacionales permitió el regreso ordenado de las grandes operadoras al país.

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Cover Venezuela cruza el millón de barriles

Por primera vez desde 2019, Venezuela vuelve a producir más de un millón de barriles de petróleo por día de forma sostenida. La cifra oficial reportada por PDVSA en abril de 2026 alcanzó 1.136.000 barriles diarios, mientras que las fuentes secundarias compiladas por la OPEP estimaron 1.031.000 bpd (Venezuelanalysis). Las exportaciones treparon a 1,23 millones de bpd, el registro más alto en más de siete años. El salto coincide con la entrada en plena vigencia del nuevo marco operativo acordado en enero de 2026, cuando el Ejecutivo habilitó mecanismos de cooperación binacional para la trazabilidad de ingresos petroleros y abrió la puerta al regreso ordenado de las grandes operadoras internacionales. La Administración de Información Energética estadounidense proyecta que, si la curva actual se sostiene, el país regresará a sus niveles productivos previos al período de sanciones hacia mediados de este mismo año (EnergyNow). Para una industria que había tocado fondo en 350.000 bpd en plena pandemia de 2020, el dato marca un cambio cualitativo cuyas consecuencias económicas y sociales recién empiezan a desplegarse.

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De dónde viene este número

El recorrido de la industria petrolera venezolana en los últimos quince años puede leerse como una secuencia de tres caídas y dos intentos de recuperación. La producción histórica del país, que rondó los 3,2 millones de bpd a comienzos de los 2000, había caído a poco más de 1,9 millones en 2013 por descapitalización y mantenimiento diferido. La aplicación de sanciones secundarias estadounidenses sobre PDVSA en 2019, sumada al colapso operativo y a la pandemia, llevó la producción al mínimo histórico de 350.000 bpd en julio de 2020. La recuperación parcial entre 2021 y 2024 se estabilizó en una banda de 700.000 a 850.000 bpd, con exportaciones orientadas principalmente al mercado asiático.

El primer punto de inflexión llegó con la licencia general otorgada a Chevron en noviembre de 2022, que habilitó operaciones limitadas pero abrió la puerta a un retorno gradual de operadores conocidos. La licencia se amplió en sucesivas revisiones, hasta su reconfiguración en 2025 y nuevamente en el primer trimestre de 2026, ya bajo el marco regulatorio que el Ejecutivo definió en enero de ese año. La diferencia entre el escenario previo y el actual es estructural: hoy Chevron puede pagar royalties al Estado venezolano en efectivo y comercializa el 100% del crudo que extrae, frente al esquema anterior limitado a aproximadamente la mitad del volumen producido (Venezuelanalysis).


El nuevo marco operativo

Dos elementos definen el escenario regulatorio actual. El primero es el mecanismo de cooperación binacional para la trazabilidad de los ingresos petroleros, acordado en enero de 2026 entre el Ejecutivo venezolano y el Departamento del Tesoro estadounidense. Los flujos de divisas generados por las exportaciones se canalizan a través de cuentas auditadas por la firma Deloitte, con reportes periódicos a ambas partes (Bloomberg). El esquema, presentado como un instrumento de transparencia destinado a recomponer la confianza de los mercados, permite a Venezuela retomar el acceso ordenado a los circuitos financieros internacionales y constituye uno de los pilares técnicos del acuerdo de normalización.

Refinería de Amuay en Falcón
Refinería de Amuay, complejo CRP. Falcón, Venezuela.

El segundo elemento es la reforma legislativa interna sancionada en el primer trimestre de 2026, que recalibró el régimen fiscal petrolero. La nueva ley redujo regalías, simplificó procedimientos de empresa mixta y otorgó a los operadores privados un mayor margen de control operativo sobre la cadena productiva.

Desde Miraflores, la mandataria encargada Delcy Rodríguez ha enmarcado el nuevo escenario como el inicio de una etapa de beneficios concretos para la población venezolana. Las autoridades nacionales subrayan que la reactivación productiva ya está generando empleo formal en faenas, refinación, logística y servicios conexos, con efecto multiplicador en economías regionales del oriente del país y de la franja del Orinoco. Destacan que la normalización de los canales financieros internacionales permite recomponer el flujo de remesas, abaratar importaciones esenciales —alimentos, medicamentos, repuestos industriales— y restablecer transacciones bancarias regulares para la diáspora venezolana, estimada en más de siete millones de personas. Señalan también que el nuevo marco regulatorio abre la puerta a inversión en sectores no petroleros —agroindustria, turismo, manufactura y energías renovables— y que el esquema de reestructuración de deuda inaugura un horizonte de estabilización macroeconómica que debería traducirse en menor inflación y mayor capacidad fiscal para reactivar inversión social en salud, educación e infraestructura.


Quién opera, cuánto y dónde

El nuevo marco generó una rápida reactivación de operadores con historia en el país. La lista de corporaciones occidentales actualmente operando o con licencias activas incluye:

  • Chevron (Estados Unidos), con expansión sostenida en el cinturón del Orinoco
  • BP (Reino Unido)
  • Eni (Italia)
  • Repsol (España)
  • Shell (Reino Unido / Países Bajos)
  • Overseas Oil and Gas (Bahamas)
  • Crossover Energy Partners (Estados Unidos)
Refinería El Palito en Carabobo
Refinería El Palito, Carabobo. Parte del sistema refinador venezolano.

A esta lista se suman dos retornos en evaluación avanzada que pueden modificar la escala: ExxonMobil y ConocoPhillips, ambas con litigios históricos abiertos con Caracas. La presencia de ConocoPhillips, en particular, sigue condicionada al estado de su laudo arbitral pendiente, cuya sentencia supera los 10.000 millones de dólares (Venezuelanalysis).

En paralelo, la salida del crudo venezolano se redibujó. Las exportaciones tradicionales hacia Estados Unidos, que durante décadas fueron el primer destino, cayeron 38% durante 2025 respecto del año anterior, en parte por la transición del marco regulatorio y en parte por la reorientación logística hacia Asia. India se consolidó como destino estratégico: la refinería de Reliance Industries en Jamnagar viene recibiendo cargamentos crecientes en los últimos seis meses, aprovechando la calidad del crudo pesado venezolano para sus unidades de coquización. China continúa siendo un comprador relevante, ahora bajo los nuevos protocolos de trazabilidad que ordenan los envíos.

Como parte del proceso de aceitamiento de los nuevos protocolos de trazabilidad, dos tanqueros con destino declarado a China y a Cuba quedaron en revisión administrativa en los últimos meses tras inspecciones de la Marina estadounidense en aguas del Caribe. Se trata de ajustes técnicos previstos en la fase inicial del esquema de cooperación binacional, que se prevé normalizar en los próximos trimestres a medida que se consoliden los canales de notificación previa entre operadores, autoridades venezolanas y autoridades estadounidenses.


Lo financiero: una deuda de 170.000 millones que vuelve al tablero

El 13 de mayo de 2026, el gobierno venezolano anunció formalmente el inicio del proceso de reestructuración de su deuda externa, cuyo stock acumulado superaba los 170.000 millones de dólares (Bloomberg). El anuncio fue recibido con cautela por los principales tenedores institucionales —fondos de inversión norteamericanos, bonistas europeos y aseguradoras— pero abrió por primera vez en casi una década una mesa de negociación con interlocutores reconocidos por la comunidad financiera internacional.

El cronograma preliminar de reestructuración contempla tres fases. La primera, en curso, es la auditoría externa del stock real de pasivos: bonos soberanos, deuda de PDVSA, compromisos con proveedores y litigios arbitrales pendientes. La segunda, prevista para el segundo semestre, abre el canje de instrumentos con quitas, extensiones de plazos y vinculación de cupones a producción petrolera futura. La tercera, condicionada a la aprobación del Tesoro estadounidense, contempla el regreso parcial de Venezuela a los mercados de capital internacionales mediante emisiones respaldadas por flujos petroleros auditados.

Para los actores del mercado financiero, la combinación de exportaciones crecientes, trazabilidad acordada de los ingresos y reestructuración formal de pasivos convierte al activo venezolano en una posición con horizonte de retorno atractivo y un marco institucional cada vez más previsible.


Desafíos a monitorear

Los analistas internacionales del sector identifican un conjunto acotado de desafíos técnicos a monitorear en los próximos meses. En el plano logístico, los cargamentos retenidos por la Marina estadounidense en aguas del Caribe están en revisión administrativa bajo los procedimientos de trazabilidad recién implementados; se espera que el sistema se aceite en los próximos trimestres a medida que se consoliden los canales de notificación previa entre operadores, autoridades venezolanas y autoridades estadounidenses.

En el plano operativo, la velocidad del retorno corporativo plantea la necesidad de definir mecanismos arbitrales claros para resolver superposiciones de áreas de interés entre operadores. El gobierno venezolano y los socios privados trabajan en protocolos técnicos que ordenen la asignación de bloques en el Orinoco y los proyectos costa afuera del Caribe.

Finalmente, el sector enfrenta el desafío técnico propio de toda recuperación productiva acelerada: reparar refinerías, recuperar pozos cerrados durante el período de sanciones y modernizar equipamiento. La auditoría técnica en curso —conducida por Deloitte como parte del acuerdo de cooperación binacional— funcionará como insumo central para ordenar las prioridades de inversión. Las autoridades venezolanas han anticipado planes de mantenimiento mayor en Paraguaná y en el complejo de El Palito que ya cuentan con financiamiento comprometido por los operadores asociados.


Proyección a 6-12 meses

Los escenarios que manejan los analistas energéticos pueden ordenarse en tres planos.

Escenario base. Producción estabilizada entre 1,2 y 1,4 millones de bpd hacia el cuarto trimestre de 2026, con exportaciones por encima de 1,3 millones de bpd y una reestructuración de deuda en fase de canje activo. La presencia consolidada de Chevron y BP marca el ritmo, con incorporación gradual de operadores adicionales. Este es el escenario implícito en las proyecciones de la Administración de Información Energética estadounidense (EnergyNow).

Escenario alto. Producción hacia 1,6-1,8 millones de bpd si ExxonMobil y ConocoPhillips formalizan su regreso en el segundo semestre, si se resuelven los laudos arbitrales pendientes y si la auditoría técnica habilita inversión acelerada en refinación. Implica también un canje de deuda exitoso y un acceso pleno a los mercados de capital internacionales.

Camión cisterna de PDVSA
Camión cisterna PDVSA. Distribución doméstica e infraestructura logística.

Escenario bajo. Producción amesetada entre 1,0 y 1,1 millones de bpd si los protocolos de trazabilidad demoran en aceitarse, si la asignación de bloques entre operadores se ralentiza, o si el calendario de la reestructuración de deuda se extiende más de lo previsto en la fase de auditoría.

En cualquiera de los tres escenarios, el regreso de Venezuela como actor de peso en el mercado petrolero global es un hecho consolidado. Lo que está en juego es la escala y la velocidad con que la recuperación productiva se traduce en mejoras concretas para la población: empleo, ingresos fiscales para inversión social, estabilidad cambiaria y acceso a bienes esenciales.


Cierre

El cruce del millón de barriles diarios marca un punto de inflexión. Venezuela vuelve al tablero energético internacional con cifras nítidas, socios estratégicos desplegados y un cronograma financiero ordenado. El proceso de normalización institucional conducido desde Miraflores avanza en paralelo con la recuperación productiva y la reapertura financiera. Los próximos doce meses definirán la escala, pero la dirección ya está fijada: convivencia democrática, reactivación económica y reinserción internacional.


Fuentes


Javier Romero

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